El Viaje


“―Eso tampoco creo que sea posible, Delfo. ―Su expresión debió de ser de exasperación, porque Reufa primero se disculpó y luego se explicó―. Verás, desde que se reclutaran a los comandantes y para imponer algo de orden en los caminos, Liuva mandó poner puestos avanzados, de forma que al menos en cada frontera entre provincias hubiera un puesto que controlara a los viandantes. En los primeros meses tuvieron problemas para controlar a toda la gente que pasaba por estos controles, así que lo siguiente que hizo fue prohibir los largos viajes a la gente común, solo se permitiría desde ese momento viajar a los mercaderes y a los nobles que contaran con un salvoconducto real, expedido por uno de sus recaudadores por supuesto, el que no acatara la ley sería multado, encarcelado o mandado a la guerra.

>>Desde Ostaloc no se respondería a razón alguna enviada mediante palomas mensajeras, y solo se daría audiencia real a asuntos de máxima prioridad proveniente de casas nobles, del resto de asuntos se encargarían los recaudadores, o en su defecto el recaudador de Castañar.

>>Eso último lo memoricé de la carta. Así que para resumir, os diré que no podréis llegar muy lejos, aunque es fácil esquivar los controles, no lo es llegar a Ostaloc, necesitaréis permiso de un recaudador y de un noble para llegar hasta allí, si no os retendrán antes de acercaros si quiera a sus murallas.

 

Las noticias eran peores de lo que se pensaba, si los rebeldes querían atacar Ostaloc como sugerían las palabras del ermitaño, ellos no podían llegar a comunicárselo a Liuva ni al rey, al menos podrían informar en algún control del movimiento de esos hombres, lo que no era un consuelo, pues si habían matado a todos los habitantes de la Isla, no les temblaría el pulso a la hora de acabar con un puñado de soldados.

―Entonces tendremos que ir a ver al recaudador de esta zona y llegar lo más lejos posible ―concluyó Cancio.

―Me temo que eso tampoco va a poder ser. ―Sus compañeros resoplaron, hartos de tantas malas nuevas y tantos impedimentos―. Hace un par de meses, Belthar de Guadal, el recaudador de Egar, murió asesinado mientras intentaba repeler un asalto a su casa. Cuando los soldados del puesto fronterizo acudieron, nombraron a un hombre de cada pueblo como representante de la ley y el orden. En Egar me nombraron a mí.

―Entonces danos el salvoconducto tú mismo ―apremió Zoilo.

―Me temo que no es tan fácil, solo puedo darlos a mercaderes que se dirijan a comerciar con otros recaudadores o nobles. Me temo que no puedo seros de ayuda.

―Podrías darnos uno, diciendo que somos mercaderes y vamos a comerciar con un noble en Ostaloc ―apuntó Cancio.

―Os pararían en Castañar y desde luego no os recibirían en el castillo sin un noble que os apoyara, solo a los mercaderes del gremio de Ostaloc les permiten entrar en la ciudad.

―Yo soy de Ostaloc, puedo decir que estoy de regreso, además, mi padre es comerciante, puedo alegar que vuelvo de… ―Reufa interrumpió al que hacía las veces de Protector.

―Desde hace un par de años, las licencias de mercadería se expiden con sello real, tendrías que tener una para corroborar tu historia. Me temo que no llegaréis muy lejos ni con mi salvoconducto.

Todos se mantuvieron en silencio un momento. Hasta que el padre de Delfo habló.

―Delfo, las cosas están muy mal, como ves nos están ahogando con los impuestos, por eso tus hermanos se alistaron en el ejército, otros muchos se hacen mercenarios y algunos, después de caer en la pobreza, optan por robar o asaltar y hacerse bandidos ―rompió el silencio Baldomero, con voz cansada―. Nos llegan a pedir la mitad de la cosecha y de lo que nos queda, tenemos que pagar la otra mitad si queremos usar el molino. Cuando tus hermanos se casaron, nos alegramos, pero tuvimos que empeñar los cuadros de tu abuelo y otras cosas para pagar una pequeña celebración.

>>Muchos están resignados y solo dicen que es lo mejor para nosotros ahora que estamos en guerra. Nosotros por suerte tenemos la ayuda de Reufa, nos da un respiro con los impuestos, pero no paran de ordenarle desde Castañar que cobre más y que no pase la mano. ―Se detuvo un instante y se permitió sonreír―. Se va a casar en verano con Alegría.

Era la primera gran noticia que escuchaban, todos se levantaron a felicitar a la pareja y como si se tratara de un diezmo, les dieron una moneda de oro cada uno. Su madre al ver la algarabía, sacó una tinaja de vino y lo ofreció para brindar por la nueva pareja.

―¡Por Reufa y Alegría! ―gritaron todos mientras subían sus copas y dejaban de hablar de las malas noticias.

―¡Y por Elvio! Tiene un gran ojo con las damas, sobre todo si están comprometidas ―brindó Nicanor. El joven rubio se puso rojo de vergüenza.”

El Viaje. La Caída de los Trevorian.

 

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