El Pueblo


“Urok estaba sentado en el porche manejando un cuenco de cerámica.

―Eh, Urok, ¿has pagado por los servicios de las… ―Paró de hablar, no le gustaba llamarlas putas―…damas?, Elvio y Balvo ya le han pagado.

―Ya lo sé Delfo, le han pagado sí, pero lo han timado. Posiblemente este viejo no haya visto tal cantidad de oro junto nunca, pero cuando vuelva el propietario y le quiera explicar que por todo lo que hemos consumido le hemos pagado dos monedas de oro, lo menos que hará será echarlo.

―A mí no me parece que le hayamos pagado tan poco.

―¿Cuánto crees que valen los servicios de unas prostitutas, Delfo?, la última vez que pasé por aquí cobraban a dos plateadas la hora, haz tú mismo los cálculos y sabrás que si están una noche entera con vosotros, hasta yo le he pagado de menos al pobre desgraciado. No me gusta timar a la gente, está en mi carácter de Dios, los de mi raza hemos de ser justos y piadosos, ¿no te lo enseñaron cuando eras joven?

―¿Has estado aquí antes? ―Pasó por alto el resto de comentarios.

―Sí, estuve aquí una vez, casi no lo recordaba, el viejo sacerdote me trajo una vez para enseñarme en este pueblo, pero esa es una historia de la que prefiero no hablar, quizás te la cuente algún día cuando esos ojos tuyos reconozcan lo que soy. Ahora entra y disfruta de la compañía de Malena.

―¿Malena? ―preguntó Delfo sin comprender que se refería a la muchacha rubia que lo acompañaba―. Oh, ya, sí. ¿Tú no vas con ninguna?

―Jem, ninguna de esas quiere acostarse con un Dios, me temen a mí y a mi virilidad, pero la verdad es que prefiero acostarme con mujeres que me quieran conocer algo mejor y no solo estén conmigo por mi dinero.

―¿Qué es eso que estabas macerando? ―preguntó para cambiar de tema, se sentía un poco incómodo siguiendo esa conversación.

―Protección solar, mañana quiero cabalgar sin tener que llevar el yelmo puesto, tengo la piel algo delicada. Vamos Delfo, entra. Yo lo haría.

Lo dejó en el porche sin decir nada más, pero había algo que había dicho Urok que lo llevó a preguntarle algo a Malena.

―¿Por qué no queréis estar con mi amigo? ―lo preguntó con un deje en la voz y señalando a la puerta.

―¿Con un albino?, ¿no creerás que estamos locas? Los albinos atraen la mala suerte, no quiero ni pensar en qué enfermedades o maldades nos podría transmitir, me da asco… no como tú, mira este pecho, y esos labios, hasta tus cicatrices te hacen seductor. ―Le pasó los dedos delicadamente por su cara.

Delfo le apartó la mano con brusquedad, pensó en las palabras de su amigo y decidió que esa noche Malena no trabajaría.

posada

A la mañana siguiente todos se levantaron con mejores humos, incluso él, aunque Malena le había proferido más de un insulto al dejarla sin su paga, por lo menos pudo disfrutar de un sueño tranquilo y duradero.

 

Hubo bastantes bromas ese día, la primera sobre el color de Urok, la crema le creó un color amarillento rosáceo en la cara, cosa que aprovechó Nicanor para burlarse de él sugiriendo que había metido la cabeza en ciertos lugares de una burra.

El resto del día, hablaron sobre sus respectivos encuentros, más o menos satisfactorios, de las posturas que habían practicado y de lo satisfechas que habían dejado a las “camareras”. Decidieron parar en otra pequeña aldea antes de llegar a Egar, donde la mayoría pasaría la noche acompañado de nuevo, querían disfrutar todo lo posible antes de encarar una nueva responsabilidad.

 

Y muchos lo hicieron aunque algunos como Delfo, Urok, Antenor y Lungard decidieron dar un paseo por el pueblo, los primeros por la conversación que tuvieron la noche anterior y los otros dos porque no terminaron demasiado satisfechos.

Lo que vieron no les gustó nada, la gente les daba de lado, cerraban las puertas de las tiendas y casas a su paso y no les dirigían la palabra ni cuando ellos los saludaban. “Un comportamiento demasiado extraño”, pensó Delfo, conocía ese pueblo, de pequeño había acompañado a su padre para vender el excedente de trigo, entonces había comprobado que los habitantes del pueblo eran bastante amistosos con todo el mundo, por eso le resultaba más complicado de explicar la conducta de los lugareños.

Para evitar incomodarlos decidieron volver a la taberna y descansar, al día siguiente si todo iba bien, llegaría a su casa.

 

Pese a que el tiempo había sido bastante bueno durante los últimos días desde que dejaron el bosque, ese día amaneció nublado y con un viento infernal, al medio día, cuando pararon para comer, comenzó a llover, la temperatura bajó y comenzó a soplar un viento fuerte del este.”

La Caída de los TrevorianEl Pueblo.

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