El Olivo


olivo

“Nakko continuó cavando hasta que comprobó que el hueco era suficientemente hondo como para contener las ropas y los restos del cuerpo de Ela. Seguidamente le quitó el escudo a Delfo y se puso a cubrir el hoyo de tierra.

―Toma Delfo, esto a partir de hoy te pertenece ―le dijo mientras le daba el zurrón de la mujer sin abrir ni comprobar su contenido.

Como no sabía que responder lo aceptó, al recogerlo algo se cayó de él. Era una aceituna, arrugada y casi solo un hueso, Delfo miró a los dos hombres que lo acompañaban.

―En algunas culturas se suele sembrar un fruto de un árbol en la tumba para que nazca y crezca vida a partir de la muerte. Aunque he de decir que los olivos no crecen tan al norte ―comenzó a decir Donato―. Puede que esa oliva indique la procedencia de la mujer, quizás naciera en Las Cunas.

―Puede ser señor. Creo que la voy a hundir en la tierra, estoy seguro que de aquí nacerá algo ―dijo Delfo al tiempo que se agachaba para sembrar la aceituna.

―Delfo, dijiste que en un sueño ella te habló, te dijo que se llamaba Ela. Ahora quiero que grabes en este roble su nombre con alguna de las palabras que ella te dijo ―pidió Nakko mientras le tendía una daga.

―No sé qué poner, quizás…

 

Ela, madre inocente descansa bajo este Olivo y protege a su hija y a todo el bosque.

 

Terminó inscribiendo, pese a no estar seguro de que allí naciera un olivo.”

La Caída de los TrevorianEl Olivo.

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