El duelo


“―M-misericordiaaa, misericordiaaa ―pidió desde el suelo, sin ni siquiera poder levantarse.

Nakko hizo un gesto para que Néstor lo ayudara a levantarse y a quitarse la armadura. Sin decir nada señaló a la otra pareja de duelistas.

Urok se puso delante de Delfo, sacó la espada de su funda y realizó el primer ataque, Delfo lo detuvo con el escudo sin problemas, la primera ofensiva venía sin fuerza. Delfo decidió esperar a que el albino atacara, sabía que era peor luchador que él, solo tendría oportunidades de vencer si lograba que se cansara.

Su estrategia pronto pareció dar sus frutos, Urok al ver que su contendiente no atacaba, tomó la iniciativa. Comenzó con golpes blandos a sus costados primero y a sus extremidades después, Delfo los paró casi todos salvo un par de ellos que impactaron con poca fuerza en su peto. Después comenzó a incrementar la velocidad y fuerza de sus ataques, con fintas y movimientos rápidos alrededor de él, Delfo se notaba torpe, no conseguía girarse tan rápido como su oponente, lo que significaba un golpe más, pero se defendía lo suficientemente bien como para no sentir demasiado dolor.

Estaba esperando su momento para realizar su primera embestida, pero no veía ningún punto débil en la defensa de Urok, ni siquiera cuando éste se lanzaba contra él. Esperó y esperó hasta notar en el albino muestras de cansancio, le comenzaban a doler algunas partes del cuerpo, pero vio una oportunidad cuando Urok dejó sin usar su escudo en un par de ataques, se le empezaba a ver cansado. Así que Delfo decidió que no tendría otra oportunidad.

El albino, se movió hacia su derecha, Delfo interpuso su escudo y lanzó su espada hacia el hueco que debería ocupar el de su rival, atacó con todas sus fuerzas, pero antes de impactar, Urok dio un salto hacia atrás aprovechando el impulso para interponer su escudo y lanzar un golpe a la cabeza de Delfo. Éste notó el fuerte golpe, llevaba más fuerza que los anteriores. Sin haberse repuesto recibió un par de golpes en las pantorrillas que lo hicieron caer de rodillas.

Pudo levantar la mirada y ponerse en guardia, pero no vio a su atacante, solo sintió un fuerte impacto en su espalda que lo hizo tragar tierra. Consiguió darse la vuelta, Urok tenía la espada enfundada y le estaba diciendo algo, pero Delfo no lo escuchaba, le pitaban los dos oídos. El albino cogió su escudo y lo levantó haciendo un gesto para golpearlo, antes de que bajara…

―Piedad, piedad ―consiguió decir Delfo.”

La Caída de los Trevorian”, El duelo.

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