El Reencuentro


“Llegó la noche entre fiesta y bromas. Delfo mandó a todos al tribunal, en su casa no había sitio para que durmieran y para una vez que podían dormir como caballeros de la Orden la aprovecharían.

De camino al tribunal aumentó la preocupación, volvieron a la realidad, el Imperio estaba en guerra, ésta parecía haber llegado al Yermo, pero nadie podría avisar con tiempo a Liuva, aunque por otra parte si los asaltantes llegaban a Ostaloc no podrían hacer otra cosa que esperar a las afueras, porque como dijo Nicanor, “los rebeldes no son mercaderes, así que les cortarán el paso”.

Y aunque lo dijo en broma, tenía razón, quizás las medidas de seguridad impuestas por el virrey fueran más que suficientes para proteger El Yermo y si no, por lo menos les daba a ellos más margen de maniobra.

reencuentro

Llegaron al tribunal, la estética de la entrada y los salones era parecida a la de su fortaleza, por un momento parecía que habían vuelto al bosque, cuando entraron, dejaron el mapa, que habían encontrado mirando a Walia unas noches antes, encima de la mesa, estaban muy cansados, pero aún con todo eso y hasta de madrugada debatieron su situación con Reufa que aportaba cualquier dato que ellos desconocieran.

Algunos sugirieron cabalgar hasta Castañar y pedir audiencia con su recaudador o con algún noble con asuntos en la capital, pero lo descartaron rápidamente al tener que esquivar demasiados controles, donde había más era para entrar en El Valle, y aunque podían pasar desapercibidos, preferían no saltarse demasiadas leyes, además si tenían que avanzar sin sus armaduras tendrían que transportarlas en un carro, algo que les imposibilitaría avanzar campo a través.

Con ayuda del mapa señalaron los puestos avanzados, seguían sin encontrar una vía que los llevara sin problemas hasta la capital de El Yermo. Llegaron a una conclusión, si querían entrar en el castillo y obtener audiencia con Liuva, tendrían que convencer primero a un recaudador para que les entregara un salvoconducto con el que poder circular libremente por El Yermo y más concretamente por El Valle, y luego contar con la colaboración de un noble para que los ayudara en su causa y así poder entrar en Ostaloc. Pero llegados a ese punto quedaron todos en silencio, pues nadie tenía solución, no había un camino directo hasta la capital de El Yermo desde allí por el que seguir un camino sin obstáculos.

—Tal vez deberíamos avanzar sin ser vistos —sugirió Kasib.

—Sí, claro, como bandidos. No, tenemos que hacer esto como caballeros, hemos de contactar con un noble que nos lleve a Ostaloc —respondió Cancio.

—¿Tú conoces a alguno lo suficientemente cerca de nosotros? —preguntó Zoilo.

―Yo conozco un noble que nos apoyaría, solo necesitamos un salvoconducto a Costa Dorada, a Minas Blancas —respondió Elvio con media sonrisa.”

La Caída de los TrevorianEl Reencuentro.

Deja un comentario